Y tarde o temprano tenía que llegar, se estaba haciendo rogar pero ya está aquí: mi no preciado frío. Y bien saben los que me conocen que soy una amante del verano y el sol, y que si me cuesta pasar los "cálidos" inviernos del Mediterráneo, ya me estoy preparando para lo que me toca vivir aquí. Todavía en otoño y las temperatura ya bajan las dos cifras, ¡si esto en el sureste de la Península es un invierno de lo más frío! Y a mí que el frío me da ganas de meterme debajo de las sábanas y no salir hasta que llegue la primavera... Lo único que espero y deseo es poder ver nevar algún día, eso sí lo perdonaría. Ver Madrid iluminada con luces de navidad, cubierta de blanco y el olor a castañas por las calles (¿habrán vendedores callejeros de castañas aquí?).
En fin, os resumo así mi segundo mes por tierras capitales: preparación para el frío. En próximos capítulos me veréis ya sobreviviendo al frío y, posiblemente, congelada.
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